
El inmovilismo existente en la música brasileña de la década de los cincuenta, despertó en Joao Gilberto la necesidad de buscar nuevas formas de expresión. Un casual encuentro con el gran músico Antonio Carlos Jobim, quien apoyándose en los textos de Vinicius de Moraes ya había compuesto varias piezas de enorme calado emocional, marcaría un hito histórico provocando la aparición de un estilo de tintes diferenciales, la Bossa Nova (nueva ola). Desde el principio, Joao afrontó la grabación de canciones del calibre de Chega de Saudade o Desafinado haciéndolas suyas con esa particular forma sincopada de tocar la guitarra, y, sin pretenderlo, cambió la percepción que el mundo anglosajón tenía de Brasil, convirtiéndolo desde entonces en gran referente musical. Algo a lo que ayudo absolutamente su voz grave, sin falsas florituras, con ese halo mágico que consigue en pocas escuchas instalarse de manera permanente en el corazón del oyente. Un milagro inexplicable de la naturaleza, que Miles Davis acertó a definir afirmando: “Joao Gilberto sonaría bien recitando la guía telefónica”.